Todas las publicaciones
1ro de Mayo 4CongresoFEU 9 de Abril Abuso sexual ACASA AFP África agro Agropatía Alejandro Ordóñez Alexander Escobar Alternativa Popular Álvaro Leyva Álvaro Uribe Ambiente Amigos de la Paz Ana Maritza Ramírez Análisis Urbano Andrea Aldana Andrés Camacho Andrés Gil Andrés Rodas Ángela Suárez Patiño Angye Gaona ANLA Antonio García ANZORC APA Argentina Ariel Ávila Armando Palau Aldana Arte y Cultura Artistas por la paz Asamblea Constituyente Ascamcat ASTRACAVA Audiencia Pública Audios Avanza Colombia Barrial Bolivar Bolivia Boro Buenaventura Buga Byron Salazar Cabildo Abierto Cabildos Caldas Cali Campesinado y política agraria Caquetá Caravana Caravana Humanitaria Carlos Alberto Sánchez Collazos Carlos Gaviria Carlos Lozano Carlos Lugo Carlos Pedraza Carmen Elena Villacorta Carmen Rosa Aramburo Catatumbo Resiste Cauca CCVC Cenpaz Cesar César Gaviria Cese al fuego Chocó CIA Ciudades Claudia Julieta Duque Claudia Quintero CNMH COCCAM Colombia Humana Comisión de la Verdad Comosopol COMUNES Conflicto territorial Congreso de los pueblos Congreso de paz CONPI Constituyente constituyente campesina Constituyentes Contagio Radio Contienda electoral Contra el Acuerdo 2034 Contravía Convergencia Coopripaz coordinación campesina del valle del cauca Coordinación Medios Alternativos Coordinadora Estudiantil Univalle COPAN COPAN extraordinario Corea del Norte Corrupción CPDH CPV Cromatophoro Crónica Cuba Cumbre Agraria Cumbre por la paz Daniel Bajaña Daniel Coronell DAS David Albarracín David Escobar David Rabelo Defendamos la Paz Deporte Derechos Humanos Desaparecidos Diálogos de Paz Diana Jaramillo Diana María Rengifo Dilián Documentales Doris Rivera Doris Suárez Econoticias Ecopetrol Ecuador Eduardo Galeano Eduardo Pizarro Educación Educación y estudiantes EFE Ejército El Campo El Espectador Elecciones 2019 Eliécer JIménez Julio ELN English Enrique Santiago Enrique Santos Entrevistas Érika Ortega Sanoja ESMAD Estado Islámico Estados Unidos Eva Golinger Evo Morales Falsos positivos Farc Fascismo Feliciano Valencia Fensuagro Fernanda Sánchez Jaramillo Fernando Vallejo festival de música campesina FEU FIPU Florida Formación Foro Social Urbano Alternativo y Popular Fotos Francisco Toloza Franco Vielma Fred Núnez Freddy Agudelo Frente Amplio Funuvida Garantías Políticas Genocidio Ginebra Giorgio Trucchi Gobierno Golpe de Estado Grupo de Energía de Bogotá Guacarí Guajira Guerra económica Haití Harold Ordoñez Hekatombe Hernán Durango Hip-Hop Horacio Duque Giraldo Hota Huber Ballesteros Hugo Chávez Hugo Ramírez Burgos Huila Ignacio Ramonet implementación INCODER Indígenas y afros Indígenas y Campesinos Inernacional INPEC INSPP Internacional Intervencionismo IPC Irak Irán Isabel López Obando Israel IX Festival J. Marcos Jaime Garzón Jamundí Jan Farid Cheng Lugo Javier Giraldo Jeb Bush JEP Jhon Freddy Grisales Jorge Enrique Botero Jorge Pretelt José Antonio Gutiérrez José Marulanda José Salcedo Jóvenes Juan Alejandro Echeverri Juan G. Bermúdez Juan Sebastían Barragán Julian Asange Justice for Colombia Juventud Rebelde Kenedi Campo Kiko Gómez L'etincelle La Haine La Morada Feminista La Oreja Roja Lanzas y Letras Larga vida a las mariposas Lazos de Dignidad Letincelle Libardo Orejuela Libertad de Prensa Liliany Obando Liseth Montero Lucas Carvajal Lucas Restrepo Orrego Lucía Aguirre Luis Alfonso Mena Luis Eduardo Jiménez Luz Betty Jiménez Luz Emilse Romero MANE Marcela Belchior Marcha Patriótica María Alejandra Rodas Marino Grueso Medios Medios de comunicación Megaproyectos Meta México MIA Miguel Ángel Beltrán Minga Nacional Minga Social Misión Canadá Misión Vedad Montajes judiciales Movice Movilizaciones Movimiento Carcelario Mujeres y género Nacional Carcelario Nagham Salman Narcotráfico Nariño Natalia Springer Natalia Vinasco Naya Nazareth Balbás Noam Chomsky Noticias Noticias Paro Nacional Universitario Noticias Uno OEA Omar García ONIC ONU Opinión ORIVAC Oscar Escobar OTAN Pablo Borrero Pablo Catatumbo Pablo Serrano Pacto Histórico Página Popular Palestina Palmiguía Palmira Pandemia Paola Fernández Paramilitarismo Paramilitarismo informático Paro Agrario Paro del Pacífico Paro Minero Paro Nacional Paro Nacional Universitario Partido Comunista Partido Verde Pastoral Social Patoral Social paz Paz con Justicia Social Pazífico Noticias PCPV PDET Pepe Mujica Periferia Petro Piedad Córdoba Poder Ciudadano Polo Popayán. Pradera Prisioneros políticos Proactiva Proceso de Paz protestas PUPSOC Putumayo Qantu Rapso Rastrojos Rebeca Rodríguez Recomendado Reconciliación Colombia REDDHFIC REMAP Renán Vega Resumen Latinoamericano Revista Semana Risaralda Rogelio Osorio Rompiendo Cadenas RPASur RPAZ RT Rusia Sabores y Saberes Salomón Kalmanovitz Salud San Vicente del Caguán Sancocho Fest Sandra Castro Santiago Mayor Sara Leukos Sebastián Jiménez Semana por la Paz Semanario Voz Sentido Real Servicios Públicos Sevilla Shameel Thair Silva Siloé Silvia Arjona Silvio Rodríguez Sin señal Sintradit Sintraemcali Sintraserviaseo Siria Smurfit Soberanía Alimentaria solidaridad Sputnik SUGOV Suroccidente Suyana Talleres Tania Ospina Taser teleSUR Tercer Canal Terrorismo de Estado Timoleón Jiménez TLC Trabajadores Transporte Trata de personas Tuluá TV Alternativa Bolivariana Unai Aranzadi UNAL Palmira Unasur UNICAUCA Unidad popular Unión Patriótica Univalle Univalle Palmira Universidad del Valle Universidad Libre UP USACA V Festival Valle del Cauca Veeduría Social Veedurías Venezuela VI Festival de Teatro Videos VII Festival Teatro Vivienda WikiLeaks William Espinosa William Whitney Jr. Wilson Sánchez X Festival XI Festival Yira Bolaños Yo te nombro Libertad ZRC


El reclutamiento de menores para la guerra no afecta a familias poderosas de Colombia como la Sarmiento Angulo, la Santos, la Santo Domingo, y menos a la del expresidente Uribe o el ministro de Defensa Diego Molano que, al igual que su antecesor Guillermo Botero, bombardea campamentos guerrilleros sin importar que en éstos haya niños y niñas.

 

Dentro de sus métodos de propaganda para justificar la barbarie, el Gobierno nunca pierde. “Reclutamiento forzado de menores”, dice, con voz quebrada, cuando de responsabilizar a la guerrilla se trata. “Máquinas de guerra”, balbucea, en tono militar, cuando de arrojar toneladas de explosivos contra niños y niñas en campamentos guerrilleros es la tarea.

 

Lanzan bombas a la par que obsequian dineros del Estado a la banca privada durante la pandemia. Muerte y sangre para unos, y prebendas y arrodillamiento frente a otros. Así mientras una niñez desamparada es condenada al fuego y metralla de sus aviones y fusiles, una clase económica privilegiada recibe, a modo de saqueo, el dinero que pertenece al pueblo colombiano.  

 


Es una clase monstruosa en el poder que masacra a través del paramilitarismo, que ha decapitado y jugado futbol con las cabezas de sus víctimas, que ha utilizado hornos crematorios para desaparecer cuerpos, historias de vida y luchas, que ha asesinado a personas humildes para luego uniformarlas y hacerlas parecer combatientes de la guerrilla, y que ha matado miles de líderes y lideresas sociales y militantes de partidos como la Unión Patriótica para apropiarse de territorios, del Gobierno, y mantener un modelo económico que favorece los intereses de una clase criminal.

 

Son una minoría privilegiada, a la fuerza, que solo obra y habla de acuerdo a sus intereses, sed de poder y acumulación de capital. Por ello las palabras del ministro de Defensa Diego Molano que cataloga a niñas y niños bombardeados como “máquinas de guerra”, al tiempo que afirma que sus expresiones son producto de “la realidad de la guerra”, son solo el vómito que esconde una verdad, un trasfondo: todo su accionar obedece a la realidad de la clase que defiende, y que está en guerra contra el pueblo, contra una clase humilde y oprimida.

 

Hablamos de esa misma clase social que induce al pacifismo estéril, con un lenguaje de sometimiento que habla de “formas correctas de protestar” solo para adormecer la indignación y luchas de quienes enfrentan al Gobierno con acciones de hecho y rebeldía en calles y carreteras del país.

 

Es una clase social que manipula para que se castigue y excluya a quienes cuestionan su poder y denuncian sus atrocidades en las paredes, mientras quedan libres para bombardear menores que pertenecen a una clase humilde, sin escuelas, hospitales y trabajo digno en cientos de territorios de la Colombia profunda.

 

Porque cuando bombardean, no bombardean a “maquinas de guerra”, como quieren hacerlo parecer. No. Lo que bombardean es la cotidianidad de la niña que iba de casa en casa tratando de conseguir conexión a internet para asistir a clases y realizar las tareas del colegio, el día a día del niño que debió salir a trabajar recogiendo coca para dar alimento a su abuela enferma y sus hermanos menores, la angustia de la menor que huyó de casa para evitar ser abusada sexualmente por su padrastro o algún familiar.

 

Están bombardeando una clase humilde que no les importa, puesto que sus hijas e hijos no padecen necesidades materiales, y tampoco viven las realidades de la niñez que termina en las filas de la guerrilla, que además incluye el peso de un Acuerdo de Paz incumplido, traicionado, que no trajo el fin de la guerra a sus territorios, que tampoco llevó justicia social, y donde excombatientes están siendo asesinados luego de dejar las armas.

 

Es una clase que usa su poder para bombardear a otra y, de paso, bajo la excusa de combatir “máquinas de guerra”, tratar de esconder toda la iniquidad provocada durante décadas que se han perpetuado en el poder a sangre y fuego.

 

Es una clase social monstruosa y criminal, que niega su existencia para evitar ser incriminada, para evitar ser objetivo de la ingenuidad de una clase humilde, que no se reconoce a sí misma, que piensa que hablar de lucha de clases es algo caduco, sin sentido, que promueve el odio.

 

Hablar de lucha de clases es desenredar cómo nos han explotado, asesinado y masacrado a lo largo de la historia. Es incluir con dignidad discusiones para enfrentar a una clase criminal cuyo grado de barbarie despliega su crudeza, de forma abierta y sin ninguna vergüenza, catalogando a nuestra niñez como “máquinas de guerra”, so pretexto para bombardearles y masacrarles.

 

Debemos recordar que hay una clase monstruosa y criminal que nos ve como cosas, objetos desechables. Del mismo modo que utilizó a comunidades indígenas y afrodescendientes para esclavizarles disponiendo de sus vidas a su antojo, ahora llama a nuestros niños y niñas “máquinas de guerra” para deshumanizarles y asesinarles.

Por: Alexander Escobar

 

 “La televisión es el espejo donde se refleja

toda la derrota de nuestro sistema cultural”.

Federico Fellini

 

Mi infancia estuvo marcada por infinidad de series animadas. Pepe Le Pew fue una de ellas. No era mi favorita, pero la veía porque hacía parte de la franja animada que incluía otros cortos de series como Bugs Bunny y El correcaminos. Al zorrillo debía aguantarlo, esperar a que terminara dentro de la programación, para luego divertirme con las maldades del conejo y los fracasos del coyote (beep, beep).

 

Por eso me sorprendió que Pepe Le Pew fuera noticia esta semana porque, aunque le recuerdo, no está dentro de mis recuerdos más importantes cuando de series animadas se trata. Sin embargo, el zorrillo fue noticia gracias a un artículo del New York Times donde pide su cabeza por “fomentar el acoso y la violación de mujeres”.

 

Esto me hizo pensar en el efecto que Pepe Le Pew producía en mí. Es obvio que a la edad de siete años ni idea tendría de lo que era “el acoso”, pero sí recuerdo que, a pesar de reírme de la ridiculez de Pepe, no simpatizaba con el obrar del zorrillo, en tanto que veía a la pobre gata desesperada y sin sentirse a gusto. De acuerdo a mi experiencia puedo decir que esta serie jamás reprodujo en mí patrones de acoso o incitación a violar mujeres.

 

En este sentido, me parece absurdo que se celebre que una serie como Pepe Le Pew esté a punto de salir del aire, puesto que sin ser feminista o conocer de violencia de género, basta tener algo de sensibilidad para saber que el actuar del zorrillo no está bien, en tanto que la gata se ve angustiada y manifiesta rechazo ante el acoso de Pepe, tal como lo experimenté en mi niñez al ver la serie.

 

Sin embargo, la discusión no es en blanco y negro. En este caso, no puede reducirse a si fomenta o no este tipo de conductas criminales. El debate debe incluir los factores que propician que algo que a simple vista está mal, termine normalizando el acoso en un público que hace que sea aceptado en sociedad.

 

Si en mi caso esta serie no fomentó el acoso, ¿por qué en otras personas sí lo puede hacer? Si afirmamos que Pepe es capaz de volvernos acosadores y violadores de mujeres, ¿acaso también no cabría la posibilidad de que la serie nos induzca a acosar y violar gatas?, pues es una gata lo que literalmente ven los niños.

 

Pepe podrá ser un detonante, más no un determinante. En otras palabras, una sociedad −como la colombiana− que vota en contra de la paz, que es capaz de creer que la pandemia es un complot de Bill Gates, que dice que en los hospitales los médicos matan a los enfermos de Covid-19, y que rechaza las vacunas, está expuesta a creer y reproducir cualquier infamia sin el más mínimo grado de reflexión. Reproducir el acoso (del zorrillo), aún observando que es algo que está mal porque hay alguien que está angustiada y sufriendo (la gata), es una de esas infamias capaz de normalizar.

 

Por tanto, que una serie como Pepe Le Pew salga del aire no es algo para celebrar. Todo lo contrario, es testimonio de la derrota de “todo nuestro sistema cultural”, incapaz de asumir que no se debe hacer ni reproducir lo que está mal.

 

Que no volvamos a ver al zorrillo simplemente es un placebo, un distractor para evitar el dolor que conlleva, por ejemplo, nuestra incapacidad de no lograr sacar del aire las cientos de novelas que, con una ideología definida, reproducen roles machistas donde el final de la mujer, su misión en la vida, es ser “salvada” por un príncipe azul neoliberal, capitalista y conservador que se opone al aborto, llevando a las pantallas, de esta manera, la tarea de un patriarcado que impone oscurantismo y mensajes de sumisión a las mujeres.

Por: Alexander Escobar

 

María José Pizarro, una de las congresistas que lidera el Pacto Histórico que unió a diferentes partidos, sectores sociales y alternativos para obtener mayorías en las próximas contiendas electorales, visitó el departamento del Valle.

 

Ver: Video declaraciones María José Pizarro

 

Durante la gira, uno de los municipios visitados fue la ciudad de Palmira, donde distintas fuerzas sociales y políticas, este sábado 27 de febrero, le recibieron reafirmando su apoyo a las listas al Congreso del Pacto Histórico, así como su compromiso para llevar a Gustavo Petro a la Presidencia de Colombia.

 

El Pacto Histórico “es un reclamo de los sectores de la sociedad: el hecho de que, desde los sectores progresistas y los sectores alternativos, como ya ha sucedido en otros países, llegáramos juntos en una gran lista [al Congreso de la República]”, explicó María José.



El balance que la congresista reporta en las distintas zonas del país que ha visitado, socializando, explicando y sumando fuerzas para el Pacto Histórico, es más que positivo, en tanto que distintos departamentos avanzan sumando personas, grupos, sectores sociales y partidos para derrotar a la ultra derecha y la corrupción en las próximas contiendas electorales. 


“Estábamos en deuda de construir esa gran coalición que nos pudiera garantizar algo que es uno de los objetivos del Pacto Histórico, que es obtener las mayorías en el Congreso de la República”, agregó la congresista que también visitará los municipios de Yumbo, Buga y Tuluá.


De esta manera el Pacto Histórico se reafirma como el verdadero proceso político alternativo del país, que a su vez desenmascara a otras coaliciones que solo son la continuidad de la corrupción y el clientelismo que posa de alternativo, pero que en el fondo solo son el reencauche del modelo político, económico y social que ha condenado al pueblo colombiano a la miseria.

Redacción REMAP / Fotos: Alexander Escobar

“Llamar a la domesticación del animal ‘mejoramiento’ suena a nuestros oídos casi como una broma. Cualquiera que sepa lo que sucede en una casa de fieras dudará que en ellas la bestia ‘mejore’. Es debilitada, es hecha menos dañina, es convertida, mediante el efecto depresivo del miedo, mediante las heridas, mediante el hambre, en una bestia enfermiza”.

Friedrich Nietzsche

 

El miedo describe, y quizá resume, la base de modelos educativos que imperan en nuestra sociedad. El castigar que se desplaza sin freno por un carril de la vía, y el premiar dosificado, entregado en pequeñas gotas, moviéndose en sentido paralelo, son dualidades que se nos venden como algo opuesto, pero que en el fondo son solo el maquillaje que esconde el carácter inseparable de mecanismos de domesticación que al final ya no requieren del verdugo que infringe dolor para sostener el statu quo, para imponer una forma de pensamiento único que castra lo diverso, que encarcela almas.

 

Vivimos en una sociedad que reproduce el yugo, no solo bajo formas de arrodillamiento ante tiranías y clases dominantes, sino también en cotidianidades que reflejan la marca fundida con acero en la psique, en territorios mentales colonizados que requieren de la amenaza del escarmiento como mecanismo de control para obrar o dejar de hacerlo.

 

De este modo acciones que antes pensamos imperdonables, ahora se convierten en una regla espantosa, mediada por el dinero y el castigo. Y así terminamos respondiendo a compromisos solo por el hecho de que éstos puedan costarnos el dinero invertido en algún curso, o formación académica en cualquier nivel.

 

Procesos educativos descentralizados, alternativos, desligados del chantaje de la nota que infunde miedo a través del examen, son tomados por la sociedad como un acontecimiento desechable, que se toma y se abandona con la misma facilidad que se arrojan los desechos del día a la basura.

 

No son procesos asumidos como una posibilidad de libertad para explorar y recuperar nuestra autonomía en una búsqueda que, sin importar las dificultades, debe nutrir el espíritu porque produce placer al hacerlo, una búsqueda donde abandonamos excusas y otorgamos tiempo y corazón para resquebrajar el statu quo que sutilmente se tomó nuestras cabezas.

 

Pero el corazón de la sociedad flota en veneno y está cercado con alambre de púas, y responde al miedo programado de décadas de un sistema educativo que asocia educación con dinero, pues está dictaminado que se estudia para competir, para sobresalir pisoteando al otro, para destruir cualquier lazo de solidaridad y ayuda mutua, mientras se persigue el espejismo de acumular capital a toda costa.

 

Es una asociación que además se deriva del saqueo de las condiciones materiales de existencia que el modelo neoliberal, el capitalismo voraz e insaciable, ha robado a pueblos y naciones. La educación como sinónimo vergonzante de acumulación de dinero se vende como solución a los desesperanzados que, cada vez más sumergidos en la miseria provocada por las clases dominantes en el poder, buscan salidas materiales convirtiendo la educación en castración e irreflexión, y no en liberación y rebeldía para acabar con Estados y gobiernos tiránicos como el colombiano.

 

Nada más terrible para una sociedad que los modelos educativos reproduzcan, en todos los niveles de la vida cotidiana, adormecimiento y control social a partir del miedo y la falsa ilusión de acumular capital.


La conciencia crítica de cada época aún reposa, a pesar de todas sus falencias y contradicciones, en la educación, aunque esto se relegue, se oculte y pretenda ser marginalizado. Recordarlo implica trabajar para que la rebeldía deje de manifestarse como una excepción y pase a constituirse en misión de un modelo educativo para un pueblo que lo necesita. Y ello también recuerda que no existe nada más político que lo cotidiano, pues es desde este lugar afectivo donde se irrigan los actos que pueden descontaminar a una sociedad intoxicada por décadas de desesperanza, miedo y opresión.

Por: Alexander Escobar


“Somos indígenas, somos negras, somos campesinas, somos mestizas, somos lesbianas, somos transexuales, somos maestras, somos artesanas, somos sindicalistas, somos tejedoras, somos parteras, somos cocineras, somos artistas, somos músicas, somos escritoras”.

Presentación del álbum La Diosa en mí

 

Una Tormenta Violeta se divisa en el norte del Cauca. Y tengan cuidado que no es una llovizna pasajera o un viento momentáneo. Tormenta Violeta es el nombre de la productora, conformada por mujeres artistas y diversas, que este miércoles, 25 de noviembre, lanzará su primer trabajo discográfico titulado La Diosa en mí.

 

Ver: Evento de lanzamiento

 

“Con este álbum queremos presentar el proceso de co-creación musical que realizamos para la conformación de una red de artistas para la construcción de paz y reconocimiento de los derechos de mujeres indígenas, negras, campesinas, mestizas, mujeres en proceso de reincorporación de FARC y población LGBTIQ+ del norte del Cauca”, explican las productoras.

 

Letras rebeldes, con historias y memoria, de guerra y paz, de resistencia, nos trae este álbum que nos sumerge en un viaje que pasa por el RAP, el bolero, la música urbana, el vallenato, la balada, la trova, y distintos géneros musicales que nos recuerdan la relación de la mujer con la sociedad, la vida, la lucha y el territorio.

 

“Las letras básicamente hablan de diversidad sexual, de la vida de las mujeres, de la relación de ellas con el territorio, con las problemáticas ambientales, de la incursión de multinacionales en el norte del Cauca”, nos cuenta Diana Rengifo, integrante de la Corporación Ensayos para la Promoción de la Cultura Política.

 

Este trabajo fue posible gracias al tejido de artistas de distintos procesos y movimientos sociales, que integran organizaciones como la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (ACIN), Mujeres Diversas, Asociación de Consejos Comunitarios del Norte del Cauca (ACONC), Asociación de Mujeres Afrodescendientes del Norte del Cauca (ASOM), Grupo Musical Folclórico Tumbafro Violines Caucanos, Venga que sí se puede, Fundación Arcos Diversos, Corporación Ensayos para la Promoción de la Cultura Política, y la Red de Artistas Populares del Suroccidente (RAPSO).

 

La Tormenta Violeta dejará que las letras de La Diosa en mí estallen este miércoles en el norte del Cauca, y de canción en canción, de historia en historia, sembrará dignidad y rebeldía en los oídos que toque y despierte, mientras una letra al ritmo del RAP retumbará como su fuera un manifiesto:

 

“Ya no hay nada que nos pare. Poetisas de la vida, de las rimas como andan nuestros mares. Somos mujeres empoderadas, construyendo realidades. Rompamos las cadenas y digamos las verdades”.

Redacción REMAP


 A pesar del miedo que generan los actores armados, la estigmatización y señalamientos por parte de funcionarios del alto gobierno, la caravana llega al Plateado a donde se decía era imposible llegar 

La Caravana Humanitaria por la Vida y la Paz al Cañón de Micay culmina su recorrido territorial de manera exitosa. A pesar de las acciones que emprendieron algunos actores armados buscando generar terror, la estigmatización institucional en cabeza del Alto Consejero para la paz EMILIO ARCHILA, y el histórico abandono estatal; la caravana llega al punto de destino Argelia, cabecera municipal y el corregimiento del Plateado; esto nos permite a las organizaciones sociales participantes, hacer el siguiente balance:

Queda demostrado que la articulación y juntanza en la acción de todos los procesos sociales, defensores de DDHH, medios de comunicación nacional e internacional que defendemos la vida, generó la suficiente fuerza para lograr llegar con los mensajes de paz, solidaridad y esperanza a los territorios en donde es imposible hacerlo por el terror que infunden dichos actores armados.

Se logró conocer de manera directa el abandono, el desgobierno y el genocidio que existe en el territorio en donde las reglas de juego en convivencia, en lo económico y cultural lo imponen estos actores armados, generando un riesgo para los líderes, organizaciones sociales y excombatientes que en medio de este panorama hacen su trabajo comunitario y la labor de defensa de derechos humanos; esto porque las actividades que desarrollan no son aceptadas por los armados que amenazan y asesinan a los dirigentes.

La Caravana percibe el miedo de sus habitantes para hablar, para participar, para denunciar, para contar la realidad que se vive en el territorio, se refleja en el silencio que instaura la guerra impuesta y en el aislamiento que imponen los grupos armados, en este caso aquellos que tienen prácticas que nos recuerdan al paramilitarismo, los están sometiendo.

Se rompió el cerco mediático al contar con medios masivos de información locales, nacionales, e internacionales y las redes sociales que dieron a conocer ampliamente el impacto de la Caravana Humanitaria.

Se hizo el llamado y se envió el mensaje político a los grupos armados que tienen azotada a la región, para que se respete la vida, que se deje de asesinar y enlutar familias, de reclutar forzosamente.


Logramos manifestar que las comunidades no están solas, que fuerzas sociales y políticas de carácter regional, nacional e internacional mantendrán el acompañamiento y observación sobre la violencia que se ejerza en contra de los líderes, excombatientes y comunidad en general. Esta no será la única acción que emprenderemos en defensa de la vida y los derechos humanos

Resaltar que el arte y la cultura se convirtieron en el medio ideal para llegar a las comunidades, en especial la niñez y la juventud que a pesar del temor salieron a recibir la caravana con gran alegría.

Se tuvo un importante manejo de interlocución política con las instituciones gubernamentales del departamento, con funcionarios de gobierno nacional y departamental, las Fuerzas Militares y comunidad internacional, que le dio parte de tranquilidad a la Caravana en su recorrido.

La caravana ve con gran preocupación la ausencia física de la institucionalidad civil y los órganos de control para acompañar y apoyar estas iniciativas de paz que realizan las organizaciones, escudándose en la pandemia del COVID-19 para no asumir su responsabilidad estatal y deja el rol de proteger la vida en manos de las mismas comunidades y organizaciones sociales que son amenazadas, y estigmatizadas. Este comportamiento históricamente lo han asumido quienes han gobernado nuestro país durante décadas.

Finalmente, la caravana se despide del Cañón del Micay reafirmando las siguientes exigencias:

*La implementación integral de los Acuerdos de Paz firmados con las FARC- EP y de reanudar los diálogos de paz con el ELN.

*De manera urgente brindar garantías y protección a los líderes sociales, sus organizaciones y a los excombatientes que hoy ejercen liderazgos comunitarios

*Hacer presencia en toda la región del Cañón del Micay con inversión social y no solo presencia armada, el Estado debe garantizar que los habitantes mejoren sus condiciones de vida y sobre todo que puedan vivir en paz.

*Exigirle al gobierno en cabeza del alto consejero para la estabilización EMILIO ARCHILA pedir disculpas públicas a las organizaciones participantes por las declaraciones estigmatizantes y tendenciosas hacia la Caravana Humanitaria.

*Iniciar un proceso de audiencia de control político en el Congreso de la República con participación de alcaldes locales y comunidades, para detallar las problemáticas de la región, desarrollar propuestas para la solución y que las autoridades del Estado respondan por qué no se brinda garantías para la vida y la permanencia en territorio y por el contrario cada día se incrementan el número de masacres y asesinatos selectivos.

Argelia - Cauca noviembre 1 de 2020



MKRdezign

Formulario de contacto

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *

Con la tecnología de Blogger.
Javascript DisablePlease Enable Javascript To See All Widget